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Viernes, Julio 19, 2019
Lunes, 10 Febrero 2014 17:18

El Inconsciente...Tu Picasso Interior

El inconsciente es un gran desconocido. No somos conscientes de los matices emocionales que alberga en su interior hasta que como en una ingente explosión de colores tiñe nuestro entendimiento racional.  
                                                                                                                   
Para reflejarlo de manera fácil y accesible imagínate que dentro de ti hay un gran contenedor que almacena todo lo que has visto, oído, sentido...todo lo que has vivido. Pero no desde tu mente,  sino desde una mente ajena que identifica tus experiencias  como a ella le place, creando sus propios argumentos y sus propios actores.                                                          
Evidentemente, no te identificas con él pero está en ti. Muy a tu pesar está en ti y es un artista estrambótico que refleja de forma picassiana tu realidad.                                                                
Entonces ¿de quién es esa realidad?                                                                                                                   
¿De ese Picasso interno? o ¿de ti?... persona concienzuda, racional y accesible.                                      
Tu inconsciente de forma automática va archivando continuamente la realidad que a él le gusta, sin juicios, sin predicciones futuras... inocentemente. Como un niño.

No todo es ficticio para el inconsciente, según nuestro entendimiento consciente.  En su almacenaje también hay espacio para el almacenamiento estructurado y concreto donde como un disco duro no se omite ni un punto, ni una coma en lo almacenado. Es su memoria literal.
Hay en él también una tarea que por ardua y repetitiva llegamos a obviarla de forma natural. Hace tan bien su trabajo que merece un reconocimiento de la parte física de la persona. Gracias a su instauración biológica le debemos la constante irrigación de nuestro cuerpo; o como fuelle automático la gran oxigenación cuidada y poco valorada a través de nuestros pulmones.
Hay además un vicio victorioso en él y no por ello menos reconocido: El hábito.                     
Adora las repeticiones, se nutre de ellas, se deleita con ellas de tal manera que pierde la noción de la consciencia.                                                                                                                             
Si conduces, más de una vez te habrás dado cuenta que has llegado a tu destino sin ser consciente de cómo lo hacías, absorto en tus pensamientos,  en una canción... Se lo debes a él. Adora las rutinas.  Quedan tan lejos aquellos primeros días que conducías consciente, pausada y metódicamente. Ahora llegaste a tu destino sin saber cuántos semáforos pasaste, sólo sabes que tu inconsciente reconoce ya el color rojo y el color verde como arquetipos a respetar.
Maravilloso inconsciente de una suprema memoria ancestral que sin saber tú que hay peligro por ignorancia, por no experiencia;  te frena ante un precipicio o barranco. Debemos tanto a nuestro inconsciente...

Ahora bien, cuando de su contenedor picassiano resurja alguna emoción o dolor amplificada hasta el infinito. Aquella pequeña anécdota olvidada, que no recordabas con esos matices de drama... no la recojas; no te apoderes de ella. Mírala, contémplala, pero no te dejes seducir por su drama. El inconsciente sólo te la entrega como regalo para que la dejes ir; sin tragedias, sin memorias, sólo te la presenta para que la dejes ir.                                                                                       
De tanto en tanto el inconsciente nos ofrece estos regalos para transmutarlos, superarlos y notar la ligereza de su peso ya sacado de nosotros.                                                                            
Porque el inconsciente como un niño es inocente y siempre presente en ti.
Si lo amas es tu mejor maestro. Si lo odias será tu peor enemigo...
 
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